¡Hola!

Soy Júlia Alcaraz Capsada, la persona detrás de OrnitoBio. Mi pasión por las aves, la naturaleza y su conservación me llevaron a crear este blog, así como mis ganas de compartir conocimientos, divulgar y concienciar sobre qué hacemos mal y qué podemos hacer bien para cuidar de la naturaleza, que tanto nos da.

Soy bióloga por la Universitat de Barcelona, donde he colaborado como becaria en el Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales. Allí, junto con el Dr. Santi Mañosa, estudio la nidificación de las aves rapaces forestales y su respuesta a impactos antrópicos y climáticos. Actualmente soy vocal en la Junta Directiva del Institut Català d’Ornitologia y estoy cursando el Máster en Ecología Terrestre y Gestión de la Biodiversidad (UAB). Anteriormente he realizado prácticas en el Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de Torreferrussa, y he trabajado como becaria al Centro de Documentación de Biodiversidad Vegetal de la Universitat de Barcelona.

Pero empecemos por el principio…

¿Qué es lo que me ha llevado hasta aquí? Seguramente el enorme amor por los animales que he sentido desde que tengo memoria. Ya desde bien pequeñita quería ayudar a los bichillos con problemas y, pensando en ello, me viene a la mente un gracioso recuerdo: cuando, en parvulario, hice un “pacto secreto” con una amiga para que, aparte de ir a la escuela, fuéramos rehabilitadoras de fauna a tiempo parcial. ¿Mi primer paciente? Una babosa muy apurada que, después de cuidarla a escondidas unos días, pude soltar muy satisfecha 😉 Batallitas infantiles aparte, durante toda mi vida quise ser veterinaria, la profesión que de pequeños nos hacen asociar a los animales. Mi amor por los animales y la naturaleza fue además muy potenciado por mis padres, que me llevaban a cursos, talleres y excursiones para disfrutar aún más de esta pasión. También recuerdo los numerosos recortes de revistas y periódicos que me daba mi padre casi a diario con imágenes y artículos de fauna y naturaleza, que aún guardo en apretados archivadores. ¡De hecho, nunca ha dejado de hacerlo!

A finales de la ESO me di cuenta de que, aunque me encanta la labor de recuperar, rehabilitar y cuidar animales, me llamaba más la atención estudiar su biología. No solo la de los animales, también la del resto de formas de vida, incluida la de los animales humanos. Fue aquí donde empezó un breve pero interesante período en que, sin dejar nunca de lado mi obsesión por la fauna, se desató mi otra gran pasión: la neurociencia. La psicología y sobretodo el cerebro y todos sus misterios empezaron a fascinarme sobremanera (¡y sigue siendo así!). Por suerte, en mi futuro a corto plazo de aquel entonces, esto no suponía un gran cambio: seguía queriendo estudiar el grado de Biología, pero entonces, para ser neurobióloga.

Así pues, con esta intención, entré en la Facultad de Biología. Pero, en una de mis escapadas al parque de delante de la Facultad (dónde, a lo largo de mis años universitarios, he ido en innumerables ocasiones en busca de paz y mi necesaria microdosis urbana de naturaleza), todo cambió. Por aquel entonces, mi pasión por las aves ya estaba cobrando demasiada fuerza como para no plantearme ciertas cosas. Y fue así, sentada en el césped y con un pino como respaldo, que un petirrojo se cruzó conmigo, deteniéndose delante mío, bastante cerca. Como siempre que recibo una visita inesperada de un pájaro, sonreí sin apartar mi mirada de él. Normalmente, al cabo de poco rato, los pájaros se van. Pero ése petirrojo no. Seguía allí, cantando de vez en cuando, sin moverse. Mi gran satisfacción y felicidad de poderlo estar observando tranquilamente y tan de cerca se transformaron en preguntas y reflexiones: ¿Estás segura que quieres ser neurobióloga? ¿Te interesa más la biología molecular y celular, o el estudio y conservación de la biodiversidad? El petirrojo, evidentemente, acabó marchando. Pero no marcharon las reflexiones que había generado en mí que, poco a poco, provocaron un giro de 180º a mi carrera: colgar la bata para ponerme las botas definitivamente. Empecé a hacer cursos, sobretodo con el Institut Català d’Ornitologia, dejando vía libre a mi afición por la ornitología. Y comprobé lo que ya me temía: ¡Júlia, déjate de neuronas, que lo tuyo son los pájaros!

Fue así como, abandonado el camino que había planificado para mí (algo que siempre genera cierta inquietud a cualquiera), escogí justo a tiempo la especialización en Biodiversidad. Desde entonces, la cosa ha ido in crescendo, y de momento no he encontrado el remedio para la ornito-obsesión y la biofilia (¡ni falta que me hace!). De hecho, espero que nunca se encuentre este remedio y que en mi camino me cruce con infinidad de pájaros y personas que, como yo (¿como tu?) los amamos y queremos asegurar su conservación y la de sus hábitats.

Y ahora que ya me conoces…¡Bienvenida/o a mi blog! 😀

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